Ayer estuvimos trabajando en el parque de Doña Casilda, en Bilbao, con motivo de la celebración de la fiesta anual de Betizu, un evento producido por Innevento con alta participación de público infantil y familiar.
Allí nos citamos actores, payasos, bailarinas (un afectuoso saludo a Ainhoa y María), técnicos, camareros, cocineros... y nosotros, los músicos: Joe Gonzalez, Ales Larrazabal y yo metidos de nuevo en aventuras un tanto surrealistas.
En esta ocasión utilizamos varios objetos reciclados a modo de instrumentos de percusión, tales como latas (vacías o llenas de lentejas), cajas de cartón de cacao, baquetas, etc. La actividad - una vez repartidos los instrumentos entre padres y criaturas - consistió básicamente en formar dos grupos con distintos patrones rítmicos que se pudieran simultanear. Todo un anecdotario el que vivimos en ese escenario principal, sometidos a un sol implacable, intentando tocar, enseñar, y sobre todo sintiendo una percepción un tanto bizarra en algunos momentos.
El ambiente fue bastante simpático, dependiendo del nivel de histeria de la multitud. A ver si en lo sucesivo los progenitores aprenden también un poco y recuerdan que son ellos el primer ejemplo para sus hijos, porque hay que ver cómo reaccionan algunos ante la palabra "gratis"...
Por lo demás, la tormenta estival de la tarde me llevó de la somnolencia al sueño, o a los sueños, que no es lo mismo.
Euskaraz
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